Estoy hasta los huevos. Vuelvo a kung fu. No instantáneamente, pero no me doy más de un mes. Ala, me he hartao. Si no es por las buenas…
A tomar por saco
Estoy hasta los huevos. Vuelvo a kung fu. No instantáneamente, pero no me doy más de un mes. Ala, me he hartao. Si no es por las buenas…
A tomar por saco
Dicen (así, con sujeto elíptico) que para echar a andar, lo primero es ir dando pasitos, poco a poco. Estos pasos tienen que ser meditados, ya que tienen que ser posibles (lo contrario sería comenzar errando, y la frustración nos podría llevar a abandonar el camino antes de comenzarlo).
Por cierto, odio escribir de cabeza. Porque acabo poniendo muchos paréntesis, y los textos así quedan feos.
Con el paso de los años (aunque esto implique que pueda parecer que me atribuyo una madurez o edad que no tengo) he ido perdiendo la fe en muchas cosas. Soy mucho menos utópico, aunque quizás nunca lo fui demasiado. Soy menos luchador, menos guerrero.
A veces echo mucho de menos esos días en que aprendía cosas que no servían para nada, pero me hacían darle vueltas a la cabeza, y creer que sabía algo. Hoy día aprendo montones de cosas que sirven para mucho, y que me hacen darle vueltas a la cabeza, sabiendo que no sé nada.
Verbigracia, el que se pueda utilizar un contrato eventual o por circunstancias de la producción para cubrir el trabajo a realizar, cuando hay un número importante de bajas, en vez del natural contrato de interinidad.
Lo dicho, muy útil para ganar un juicio, pero de esos conocimientos técnicos que me hacen plantearme seriamente si no me he equivocado de camino.
Creo que lo que echo de menos de cuando era pequeño era eso de aprender cada día una cosa distinta. Guardo infinita ilusión (y prometo que es la antepenúltima vez que digo cosas que puedan poner nostálgica a la fille des larmes –creo que era así–) en aquellos días en que oía por primera vez canciones que hoy día me hacen estremecerme, por todo lo que me enseñaron, o me cambiaron el punto de vista, por cientos de cosas. Y tantos otros recuerdos.
Guardo infinita ilusión recordando aquellos días en que, frente a un espejo, me pasaba una hora entera repitiendo la misma patada, sin cansarme. “Perfeccionando”. Muerto de ganas de aprender un movimiento más.
Es eso, la ilusión por descubrir, lo que echo de menos. Mi vida se torna monótona, a la vez que voy entrando en cosas, como esto del famoso mundo laboral. Sé que todo esto es un síndrome de Peter Pan(k) enorme, y que jamás cambiaría uno solo de mis últimos 6 años, por cualquiera de los anteriores. Pero algo sigue pesando ahí. Y quiero (necesito) saber qué es. Y echármelo en la mochila, antes de seguir caminando. De lo contrario, seguiré con esa sensación incómoda de haberme olvidado algo antes de comenzar el camino.
Odio no reconocerme a mí mismo. No saber en qué me estoy convirtiendo. O, quizás, simplemente odio cambiar. No sé, necesito pensar un poco. Como antaño. Voy por buen camino, parece.
Echo de menos tu sonrisa. Tus abrazos. Tu dulzura. Tu sencillez. Tu humor. Tu compañía. Tu comprensión.
Te echo de menos. No sabes lo duro que es esto para mí.
Me vienen a la cabeza varias imágenes, en esta noche con una hora menos, por eso del cambio horario.
Su mirada, nerviosa y frustrada, observando que es imposible en la práctica crear cualquier tipo de negocio, con el que ganarse la vida, si no tienes el nombre de alguno de los grandes. Su mirada me muestra esa tristeza, convencida de que podría dar un trato mucho más justo a toda esa gente a la que no se le reconocen sus derechos. Pero no podrá hacerse un hueco ahí. Me duele ver su tartamudeo. Y el dolor en sus ojos.
Esas notas musicales, que conocí por primera vez en Madrid, hace ya más de 5 años. Algo que escuché por curiosidad, y que, dentro de mis peculiares gustos musicales, se convirtió en una de mis canciones favoritas. Esas notas que tomaste, y que tanto oí en tu coche. Recordar como mis gustos más absurdos los hacías tuyos, con cariño, con respeto. Recordarte tarareando el “tú me faltaste” del Picolo…
Aquellos nervios de los minutos previos, mientras sonaban algunas canciones que intentábamos identificar, infructuosamente. Levantar nuestras manos, y gozar con esas canciones, con esas frases, que nos hacían sentir especiales, y distintos. También aquí te recuerdo, en un concierto del Chojín, sonriendo.
Tu mirada, Luisa. Tu mirada, José Antonio. Tu mirada, Brian. Tu mirada Antonio. Tu mirada, Soraya. Tu mirada, Daciana. Tu mirada, Cristian. Tu mirada, César. Vuestras miradas.
Esa primera canción, mientras fregaba los platos, en la cocina de mi casa. Grabada con un molesto ruido de fondo, porque tu cadena grababa las cintas con el sonido de la radio, de fondo. Ver cómo ha ido cambiando todo desde entonces…
Recordar cómo éramos distintos. Y como íbamos al instituto. Y como la vida pasaba, con tranquilidad, y nos hacía fuertes.
Recordar tus palabras, abrazos, y apoyos. Recordar que siempre has estado ahí, cuando nadie estaba. Cuando más falta me hacía. Recordar tus lágrimas, el no poder comprender por qué yo tenía mi cabeza llena de batiburrillos. Recordar tu sonrisa, tu ánimo. Lo fuerte que siempre me has hecho.
Recordar la soledad.
Y no querer olvidar.
A veces me gustaría acabar con todo. Dejar las cosas a la mitad, y marcharme de este lugar. Poder volver a experimentar la sensación de empezar de nuevo. O dejarlo todo, y acabar con todo, sin tener nada que empezar o acabar. Sin que nada pueda ya importar. Dejarlo todo atrás, para siempre.
Estoy bien, estoy bien. Simplemente harto.
Cuando las instituciones no pueden permitir que “se legalice el fraude” realizado por una trabajadora para poder comer.
Cuando se tiran las piedras, sin detenerse a observar antes si no es más inocente el condenado que el ejecutor.
Cuando la soledad se convierte en dulce, a la misma velocidad en que la vida se torna amarga.
Cuando el silencio es el único remedio, frente a los ruidosos pasos de la vida.
No voy a huir (si no consideraremos que ya he dejado atrás a Richard Kimble). Porque, algunas veces, y aunque no lo parezca, sí que se aprende del pasado. Y no voy a volver a huir lejos para solucionar los problemas de cada amanecer. No soy más listo que nadie. Simplemente, eso ya lo he vivido hace menos de 3 años.
Pero sigo necesitando un poco más de silencio. Un poquito más. Sólo un poquito más.
Me aferro a él como Smeagol a su anillo.
Y sé dónde conseguirlo. Allá pues. El camino comienza.
Es imposible tener ningún tipo de certeza ante decisiones de este tipo.
Mi única esperanza es que, de algún modo, esto sirva para algo.
Y si algún día el niño quiere volar
las alas no le irás a cortar
Porque un hombre no se mide
por las veces que se cae,
sino por las que se levanta
Y es que un hombre no se mide
por las veces que se cae,
sino por las que se levanta
Yo soy el niño que no quería crecer
De los brazos de mi madre nunca quise bajar
No quiero trabajar
ni luchar, ni sufrir,ni llorar, ni perder,
Sabes que hay un abismo de miedos en mí
en el que es fácil caer
Y cuando caes y caes, quién te va a bajar a ver?
amigo es el diablo en este trance
Veo la luz arriba, fuera de mi alcance
y como estoy sujeto al suelo
sueño que vuelo
y tengo celos de los pájaros que surcan el cielo
Quiero volver a escuchar esa voz
de aquellas tardes, cuando volvía de la guardería
No sé si es por el cansancio, o por haber trabajado hoy más de 12 horas, pero me encuentro extrañamente bien.
He dejado el equipo en el que creo, sinceramente, ha sido un acto de coherencia conmigo mismo, y con mi equipo (seguirá siéndolo, pese a todo).
He estado luego tomándome algo con Tato y Pablo, a las 12 de la noche. Esta costumbre empieza a encantarme.
He visto a Lidia y Cristina. Que, por cierto, les quiero un montón. A ambas.
Y he arrancado alguna sonrisilla a la jefa.
Hoy llego a casa cansado, con hambre, y con una extraña sensación de paz. No sé cuánto durará, ni cuál será su fundamento. Pero es una paz dulce, agradable, suave… como una caricia.
Hoy me iré la cama contento. Supongo que se cumple la máxima esa:
”Al final del día lo importante es
que al mirarte en el espejo, te guste lo que ves”.
Pos eso.
Vive mirando una estrella…
No te merezco. Lo sabes aunque no te lo quieras creer y lo sé.
Sueña que sueña con ella…
Algún día este desastre acabará siendo ese motivo diario para hacerte sonreír.
Mientras tanto, no puedo aspirar más que a dedicarte alguna cancioncilla, decir alguna tontería, u organizar con infinitas ganas este viajecillo a Madrid.
Solos, tú y yo. Porque nos lo merecemos.
Los pajaritos cantan,
las nubes se levantan
las gallinas ponedoras
en vez de poner huevos
consuelan a un gallito desolado
pues como cada mañana
cuando fue a anunciar el día
el gallo se quedó sin habla
la voz no le salía
tenía una afonía y ni cacarear podía
por mucho que abriera el pico no le salía ni pío
¿cómo iba a empezar el día si su canto no se oía?
estaba convencido que el mundo se acabaría
así que San se acabó
el sol sólo saldrá
el día en que las gallinas
se pongan a mear
presta atención
a lo que este gallo afónico te quisiera decir
kikirikikí…
Los pajaritos cantan,
las nubes se levantan
y el mundo gira gira y gira
y el sol brilla brilla y brilla
creer que se detendría
porque un gallo padeciera una afonía
eso era una tontería
como esa que algunos hombres creen
que viven eternamente
que su alma sube al cielo
aunque su cuerpo haya muerto
¡como si en el firmamento
hubiera sitio para tantos!
San sacabó
lo único que sube al cielo
son los pedosque se tiran los gusanos
cuando comen sus despojos
Parecía el patito feo abandonando el gallinero
le despedían con pañuelos llorando sus gallinas
sin rumbo ni norte alguno
y errando se fue el gallo
hasta que un día muy cansado
se paró a dormir un poco
era el reposo del guerrero
Y en un bosque encantado
bajo un roble milenario
no hay futuro dijo el sabio
siguió preguntando en vano
¿quién puñeta fue primero?
¿fue la gallina o fue el huevo?
San se acabó
y el amanecer llegó y no se oyó cantar un gallo
ese día tan absurdo lo estaba anunciando un búho
presta atención
a lo que un burro cualquiera opinaría
sobre esta absurda cuestión
ay ay ay ay…
Los pajaritos callan
y es que era un búho que no cantaba
“hola gallo” dijo el búho
esto es un bosque encantado
soy el bicho que buscabas
yo soy quien despierta al sol cada mañana
al lobo vegetariano y al león republicano
y a todos los bichos raros
soy un búho yo soy brujo
¿te has fijado que cursi es la moraleja
del cuento de la lechera?
Aquí nada es como parece
aquí uno no nace aqui uno se hace
sin que nadie te lo mande
sólo se hace lo que place
¡atrévete si quieres
a no hacer nunca lo que debes!
San se acabó
aquí hay gallo encerrado
¿donde está el cuarto pié del gato?
más vale pregunta en mano
que cien respuestas volando
presta atención
yo sé cómo arreglar el mundo
ruego un poco de silencio
lo diré bien fuerte y claro ¡pero sólo una vez!
yo cantaré así o así o asá
como a mí me dé la gana cantar
Los pajaritos cantan
las nubes se levantan
¿en verdad quién fue primero?
¿la tortuga o el conejo?
¿existe realmente una gallina
que ponga los huevos de oro?
y érase una vez un gallo
que sabía el final del cuento
que fueron muy felices, que comieron perdices
a mí me importa un pito
si el mundo funciona a pilas
con butano o gasolina
Es doloroso ser sabio
y descubrir la sopa de ajo
apartó un árbol enorme
y por fin pudo ver el bosque
y yo lo que quiero es largarme
con la música a otra parte
San se acabó
los músicos de bremen han sido asesinados
el burro, el perro, el gato
y el cádaver del gallo
aún nadie lo ha encontrado
presta atención
sabes tú qué pasaría
si el viento y el agua
y toas las cosas transparentes
de repente
tuvieran color…
El abogado gallo Eduardo Montenegro
Quiero protegerte…
Mereces algo mejor. No vivir en la incertidumbre constante, en la duda persistente del qué será de mañana. Esa estabilidad que siempre te has esforzado en transmitir. Esa sonrisa que siempre le has regalado a todo aquél que se cruzaba en tu camino. Esa inocencia que la vida se empeña en robarte.
Quiero protegerte…
Tengo miedo de que esa niña alegre que un día conocí, deje de serlo, por las cosas que ha ido encontrándose en su vida. No puedo imaginar una vida sin tu sonrisa, sin tu vitalidad, sin tu optimismo, sin tu dulzura…
Quiero protegerte… de mí mismo.
Y por eso mismo, creo que la única forma de ayudarte es salvándote de mí. Y por eso mismo, creo que la única forma de salvar mi alma, es salvándote de mí…
Dime
Qué vas a hacer tú por la revolucíon
Si tienes el culo pegado al sillón
Por eso dime
Cuánto tiempo más para una solución
Mucha teoría, muy poquita acción
Si niegas que la intención de uno solo cuenta
Si la unión hace la fuerza, tú no te das cuenta
Uno y uno hacen cincuenta, ya salen las cuentas
Siempre esperando la hora del ahora
Ya no hay más demora, el tiempo es ahora
Narcotizados por los medios y la moda
La revolución… está en el corazón
No sé si ha pasado el suficiente tiempo, ni si he organizado mi vida todo lo necesario (más bien, va a ser que no).
Pero necesito escribir.